Vender vidas adolescentes para contentar votantes adultos

El pasado 17 de abril, el “Coleixo de educadoras e educadores socials de Galizia” organizaba una jornada de debate sobre las modificaciones de la Ley de protección jurídica del menor (Encontro de Infancia e Educación Social: Implicacións no traballo cotián dos cambios lexislativos). Una de ellas afecta a las nuevas formas de internamiento cerrado para los adolescentes que ni delinquen ni tienen problemas de salud mental. A partir de sus reflexiones escribí este breve artículo (ARA. Criaturas 25.04.15) que ahora comparto traducido del catalán.

Al final de legislatura se aprueban bastantes normas escoba. Leyes innecesarias de mucho valor electoralmente simbólico. Además, son de complicado debate para una oposición que ya dedica su tiempo a tratar de conquistar el poder. Casi siempre afectan a personas sin posibilidad de protesta social o electoral. Lo acabamos de ver con las adolescentes y su derecho (acompañado) a decidir libremente sobre su maternidad. Pagan la prenda del juego político para que los ciudadanos adultos voten conservadoramente.

Sin embargo, otras normas similares a punto de aprobarse quedan mucho más escondidas. Sin mucho ruido (tanto sólo un pequeño debate sobre la competencia la tienen la Comunidades Autónomas) se discuten estos días en el Congreso dos leyes que modifican el sistema de protección de menores. Una de ellas vuelve a vender vidas adolescentes para contentar votantes adultos. Se trata de una ley, orgánica, destinada a crear y regular “Centros (cerrados) para menores con problemas de conducta”. Simbólicamente, el mensaje está claro: estén tranquilos, ahora ya podremos cerrar los adolescentes que no se traigan bien.

Resulta que un adolescente no puede ser privado de libertad si no ha cometido un delito significativo y si todavía no tiene 14 años. También está claro que el sistema de salud mental no acaba de saber qué hacer con los adolescentes y no tiene recursos adecuados para gestionar sus malestares, sus conductas complicadas. Desde el sistema de protección no se quiere aceptar que un menor no puede ser protegido a cualquier precio y sin ganarse su implicación. Además, muchos de los adolescentes protegidos son espacialmente difíciles porque necesitan pasar cuentas de vidas infantiles de abandono y maltrato. Pero, con independencia de pensar qué hacer, molestan y hay que encerrarlos.

La complejidad es alta. Aun así, los profesionales que hemos dedicado la vida a trabajar con adolescentes que sufren y hacen sufrir, que venimos de historias de destrucción como la de la heroína, sabemos que en la inmensa mayoría de situaciones no tiene ningún sentido encerrarlos. Sabemos que se trata de tener espacios residenciales abiertos con una alta capacidad de influencia educativa y terapéutica. Garantizar el acompañamiento permanente e intensivo en su propio medio. Y, además, construir una permanente dosis de paciencia social (de apoyo familiar y comunitario) para conseguir que, después de unos años, lleguen a formar parte de la comunidad.

! Estimados lectores, no voten a quienes vende el espejismo de su tranquilidad a cambio de vidas adolescentes!

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DECÁLOGO PARA PREGUNTAR A LOS Y LAS ADOLESCENTES Y OBTENER RESPUESTAS ÚTILES

Una de las multiples derivas del drama educativo de esta semana (un adolescente que mata en la escuela) parece consistir en poner más alertas, en casa y en la escuela, por que parece ser que los adolescentes nos ocultan muchas cosas. A la angustia (¿como puedo descubrir a tiempo si mi hijo tiene alguna enfermedad mental?) se suman intentos de justificar la intromisión en sus vida (registar sus habitaciones, entra en sus recorridos por las webs, etc.). Un periodista (uno más esta semana!!) me acaba de preguntar: ¿Qué deben saber los padres? y ¿los profesores?. He pensado que a lo mejor era útil recuperar páginas del libro “Educar en la adolescencia. 9 Ideas clave”.

Buena parte del conocimiento de la realidad de los adolecentes con los que convivimos se puede adquirir simplemente con observar y escuchar. También, creando las condiciones para que hablen. Pero, de vez en cuando, hay que preguntar.

 

Los padres y madres se quejan de que sus hijos no hablan y de que tampoco obtienen gran cantidad de información preguntando. En un espacio educativo, en la escuela, cuando se trata de tener una sesión individual de trabajo personalizado, de seguimiento, de discusión sobre dificultades o conflictos, los “interrogatorios” de despacho se convierten en una secuencia de preguntas a las que siguen monosílabos, dejados caer con mayor menor desgana. Igualmente ocurre en los dispositivos de salud cuando el profesional, habituado a otros pacientes más dóciles, desgrana las preguntas previstas en un protocolo. El resultado: una sensación de no saber cómo llegar a saber y una gran duda sobre el valor de la información obtenida.

 

En alguna de las otras ideas clave de este libro se aborda la manera de construir circunstancias, entornos, contextos, en los que nos sea más fácil conocer al adolescente y conviene recordar que el método de entrevista de despacho, o de interrogatorio formal en casa, tiene siempre grandes dificultades y contradicciones. No obstante, cuando en diferentes momentos preguntamos para saber, conviene recordar algunos criterios como estos:

 

 

  1. Esperar el momento. Evitar preguntar cuando temen ser preguntados y reaccionaran negativamente o darán una respuesta preparada (todo buen adolescente que llega tarde a casa recorre el camino elaborando la “moto” que venderá a sus padres). Es mucho más fácil que expliquen algo cuando no parece haber problemas en el horizonte (cuando creían olvidado el conflicto, cuando no estamos buscando directamente si se droga, cuando las dificultades parecen ser agua pasada).

 

  1. No hacer más de “dos” preguntas seguidas (en casa, después de la ristra interrogativa sobre “de donde vienes”, “con quien estabas”, “qué hacías”, etc. el adolescente acaba preguntando si está en una comisaría). Las preguntas directas deben estar diluidas entre otros comentarios e intercambios de informaciones. Estamos juntos para “hablar” no para preguntarles. No siempre lo que quieren decir es lo que nos interesa saber, aunque debería interesarnos. No siempre están dispuestos a explicar lo que deseamos saber.

 

  1. Explicar algo, algo propio, entre medio. La adolescencia ha supuesto el final de la “minoría”. Para ellos y ellas “hablar” con las personas adultas comporta dar por supuesto un cierto diálogo en pie de igualdad. Se rompe la idea unidireccional del interrogatorio cuando se hace conocedor al adolescente de información singular, propia, relacionada con la vida que hemos de compartir (en casa, por ejemplo, es más fácil que nos hable de sus dificultades si nosotros, sin rollos extraños, les hacemos partícipes de algunas de nuestras dificultades laborales; en la escuela, podemos hablar sobre su implicación en un conflicto en la medida que le hacemos conocedor de nuestras dificultades para encontrar una respuesta adecuada; en una actuación de salud podemos hacer que aporte información clave si le explicamos nuestras dificultades para establecer un diagnóstico).

 

  1. Deducir, aunque sea de forma incompleta. No siempre es necesario preguntarles. Los adolescentes con la cara pagan. Sus rostros, sus actitudes, sus rebotes, sus silencios o sus discursos son una gran fuente de información (si se les mira y se les escucha). Hay que aprender a deducir. Deducir, no interpretar sesgadamente con calves psicopatológicas o de angustia avanzada (es fácil deducir cuánto han bebido a partir de cuánto dinero se pueden gastar; saber sobre sus amigos es más útil que preguntarle si usa drogas).

 

  1. Preguntar lo mismo pero de otro sujeto, de otros miembros del grupo, de otro grupo. Cualquiera que se relacione con adolescentes conoce cómo se refieren a otros (“el otro día, un amigo…”) cuando en realidad hablan de sí mismos. Es más fácil que acudan en grupo a hablar no se sabe de quién, que presentarse solos a hablar directamente de sí mismos. Se trata de aplicar en muchos momentos la misma técnica perifrástica suya. Interesarse por otros u otras situaciones para acabar sabiendo sobre ellos y ellas.

 

  1. En algunos momentos ser francos y expresar nuestra preocupación. Su tendencia a negar que ellos tengan algún problema se desmorona cuando han de hacer el ejercicio de “tranquilizarnos”, de darnos las explicaciones que nosotros les daríamos a ellos. El juego florentino, consciente en las dos partes, de las preguntas y respuestas se convierte en comunicación directa cuando se les deja clara la razón de por qué queremos saber, aceptando que a lo mejor estamos equivocados en nuestra preocupación y que no tienen por qué darnos explicaciones.

 

  1. No acusarlos. Aunque las dos partes sepamos claramente que el tema tiene que ver con ellos, comenzar por hacer que asuman su “culpabilidad” nos va cerrar todas las puertas de la información significativa sobre un hecho o una circunstancia personal. Cuando consideremos el tema de la responsabilidad ya entraré en el tema de las “excusas” (siempre tienen alguna), ahora, cuando se trata de saber actuar adecuadamente lo que pretendemos es que no se pongan el caparazón de la autodefensa.

 

  1. Dejarse engañar. Que quede claro que he escrito “dejarse”. Si nos engañan y no nos enteramos se trata de una incompetencia nuestra. Hay que permitir que nos expliquen relatos que sabemos inciertos o que están destinados a engañarnos. Pero, no es cuestión de dejarlos pasar sino de encontrar el momento para que perciban (no siempre para que lo reconozcan) que somos conscientes del engaño. Hay quien cree que en la educación no debe aceptarse la “mentira”. Ciertamente es un criterio general válido. Pero, con los adolecentes no se trata exactamente de “mentiras” sino de líos en medio de su vida liada, explicaciones contra la angustia, la confusión o el conflicto que les parecen salidas útiles. Lo importante es que descubran que no necesitan construir esos relatos para relacionarse con nosotros, que no les son útiles, que en un momento u otro intentaremos aclarar la situación aunque sólo sea para ayudarles a aclararse ellos mismos.

 

  1. Esperar para conocer más. No querer saberlo todo desde el primer momento. Ellos y ellas irán dejando caer parte de sus relatos en diferentes situaciones. Conocerlos suponer ir sumando observaciones, informaciones indirectas, respuestas directas. La suma progresiva de ese conocimiento nos permite, a menudo, evitarnos preguntas. Además, no se trata de saber de entrada sino de mantener el conocimiento de su realidad mientras continua su relación con nosotros (a veces, cuando adquirimos un conocimiento global de cómo son parecen haber cambiado).

 

  1. Guardar la confidencialidad. La información que facilita un adolescente siempre está circunscrita       a un pacto de ayuda, en unas determinadas circunstancias y con unos adultos concretos. Como norma general no debe divulgarse nunca fuera de ese contexto y el adolescente debe tener la seguridad total de que será así. Pero, ahora, me refiero a la confidencialidad “temporal” en nuestra relación con ellos y ellas. En momentos “más flojos” nos explican cosas que debemos guardar para aplicar adecuadamente en nuestra lógica educativa cotidiana, pero no debemos hacer uso a posteriori de esa información (cuando ante un nuevo riesgo nos dicen que controlan, no podemos recordarles que no es así porque, tiempo antes, nos explicaron angustiados una situación similar de descontrol; ellos sabe que lo sabemos pero no se lo recordamos sino que buscamos otros argumentos para que sean más consciente de sus debilidades)

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LA BENEFICÈNCIA PEDAGÒGICA I ELS “ANTIDEURES”

Per una mena de coincidència astral el llibre “Cal fer deures? Mares i pares que ajuden a aprendre“, que vaig escriure per a l’Editorial EUMO, ha vist la llum quan diferents estudis tornaven a recordar que les desigualtats socials de les famílies aguditzen les diferències de resultats escolars. Els treballs economicistes de l’OCDE i els compromesos de la Fundació Jaume Bofill, ens han recordat que els deures compliquen la vida acadèmica d’aquella part de l’alumnat que, per raons socioeconòmiques, no té un família disposada per ajudar-lo. Ras i curt, deien: els deures esdevenen una font més de desigualtats escolars.

Les males notes d’un altre no són problema meu

Puc fer servir aquest argument a favor en la lluita per suprimir-los i, de passada, vendre el llibre? Un amic jove amb fills a primària, compromès amb la seva escola, em comentava aquest dies la reacció d’alguns pares davant la informació: “a mi que m’importa? els meus no tenen aquest problema, han de continuar fent deures”. En tot cas, si tenien alguna sensibilitat social potser acceptaven que s’hauria de pensar en ajudar els altres infants.

No m’esperava, però, trobar similars reaccions entre les escoles concertades cristianes. Tanmateix, el seu màxim responsable participava en el debat públic i recuperava d’un dels seus articles aquest paràgraf:

“Certament hi ha famílies que, per les seves condicions materials, socials i culturals, poden tenir també dificultats per exercir aquest rol. Ho admeto. El que més m’irrita dels “antideures” és l’alternativa que proposen a aquesta situació. Si hi ha famílies que tenen més dificultats per ajudar el fills, la solució igualitària és… eliminar els deures! Igualar per baix! Tots iguals… ni que sigui a costa de quedar tots ximples!”

Qui ho havia de dir! Ara resulta que els qui creiem que els ciutadans i ciutadanes pobres tenen els mateixos drets que nosaltres, allò que veritablement volem és que els rics es tornin pobres de tot (“ximples” no, perquè jo no crec que els pobres siguin ximples).

En una versió més suau: el rendiment escolar dels que funcionen bé sembla que no té res a veure amb el rendiment dels que tenen dificultats per culpa de la seva família (més enllà que el pugi distorsionar en conviure a l’aula). Com que el tema dels deures m’acompanya inevitablement aquests dies vaig descobrir, amb horror, que el pitjor que podia fer era demanar la seva supressió per solidaritat educativa i que tots plegats ens havien de protegir de la beneficència escolar, de la pedagogia per a pobres que tenen algunes escoles que es diuen solidaries.

El conservadorisme dominant, que ens pren les paraules, està aconseguint també situar els debats educatius en el territori que vol. Així, l’escola no pot deixar de ser veritablement escola, no ha de canviar, menys encara per raons de desigualtats socials i familiars. No pensava que el tema deures donaria per tant. Només he escrit un llibre que invita pares i mares a pensar en els seus fills i filles i en l’escola que avui necessiten.

A totes les classes hi ha “classes”

Perquè les desigualats socials familiars segueixen impactant en els resultats de l’escola? Primer de tot cal recordar que les cultures de l’escola segueixen sent cultures de classe (si, de classe social) i uns alumnes es troben reflectits en ella i d’altres no. No és tant simple com afirmar que unes o altres famílies puguin o no ajudar a fer deures. Els kilòmetres de distància entre l’escola i el món familiar dels infants segueixen determinant la implicació de l’alumne i de la seva família en la tasca d’aprendre. Han pensat aquestes escoles o aquestes famílies, amb solidaritat formal de beneficència, en si un pare semianalfabet pot anar a la classe a explicar com creixen les carxofes o per què funciona l’aire condicionat? Estan disposades a que entendre l’experiència d’aquest pare formi part de la nota de la setmana de tothom?

No es tracta que les famílies pobres no puguin o no vulguin ajudar a fer deures. És que l’escola d’aquests deures no ha fet un lloc per les formes d’entendre la vida de les famílies pobres. Al llibre explico l’exemple d’una nena, amb família de la comunitat gitana, que porta el caixó de música a l’escola i com són les mirades que rep per part de famílies i mestres.

Una escola que tampoc serveix per als que tenen una família que ajuda

Tanmateix, no pretenc dedicar-me a recordar les velles (de total actualitat) teories de la reproducció social i l’escola. He d’insistir en que els dures que majoritàriament pateixen infants i pares, tenen a veure amb una escola que no és la que els infants (amb famílies de tota mena de situació social) necessiten avui. De cap manera es pot afirmar que els deures són bons, donat que existeix un grup d’alumnes que ells suporten bé (o les seves famílies els ajuden a suportar-los) i son capaços de portar-los fets cada dia a classe. Bona part dels deures són l’exemple paradigmàtic d’una escola que té molt poc a veure amb com s’ensenya, s’aprèn i s’educa en el món actual.

En un debat virtual d’aquests dies es preguntava: com han de ser els deures en la societat informacional del 2.0? Potser la resposta de l’escola institució arribarà quan estiguem en el 5.0. Tot i així, podríem dir que els “deures” servirien si son una part més de la recerca i la reflexió en connexió, si es fan en xarxa, si és un treball compartit, si les “pantalles” de la vida i els seus descobriments serveixen a l’endemà a l’escola, si poden ensenyar un altre, si poden aprendre de les solucions que troba el company, si són de l’escola, globalitzats i no d’una assignatura i de les manies de cada mestre, etc.. A més, no seria sobre considerar els altres temps educatius: jugar, avorrir-se, empipar el pares, estar al carrer, etc… Els rics, els que tenen família, no necessiten també aquesta escola? No es tracta de demanar cap solidaritat pedagògica sinó d’oferir el més pur egoisme escolar: que els teus fills i filles tinguin l’escola que veritablement necessiten avui, en la que no tenen sentit els deures actuals.

No és una bona escola la que no té pensat com ajudar quan apareixen les dificultats

Podríem parlar també de com es construeixen les dificultats escolars, o de com ha de tenir-les en compte l’escola, del paper que els deures tenen en el seu agreujament o en la seva consolidació. Seria tema per moltes noves entrades d’aquest bloc, per escriure un altre llibre. Ara, tant sols vull recordar a les famílies i a les escoles que no volen “males companyies” o passen de preocupar-se de les famílies amb dificultats, que tothom es troba un dia o altre en el mateix camí.

La interacció entre els processos vitals i els processos escolars sempre té moments de crisi. La vida a l’escola és vida de grup, aprenentatge per interacció, batalla entre els diferents desitjos, felicitats i malestars. Al llibre recordo que no és possible pensar en com fer una bona escola sense pensar com s’atenen les diferents crisis i dificultats que presenta la vida de qualsevol infant, els conflictes amb l’aprenentatge que en diferents moments apareixeran. L’escola de tots és la que pensa com acollir les dificultats de tots abans que s’arribin a produir.

¿En quina categoria deu col•locar el responsable de les escoles concertades cristianes la família trencada o reconstituïda, amb recursos i amb climes de tensió, que no ajuda a fer els deures que les seves escoles posen i defensen? ¿Realment no es poden considerar les diferents realitats dels infants a casa seva perquè això significaria unificar a la baixa els aprenentatges de rics i pobres?

invitacio

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ORIOL JUNQUERAS VS ANTONIO MACHADO

Dissabte nit (18.10.14) assitiem a l’emissió d’un nou programa de “Salvados”, en el que Jordi Évole portava Oriol Junqueras a compartir taula i diàleg amb una família sevillana. Quan comença la visita, l’amfitriona (Eugenia) porta el visitant a mirar la seva biblioteca. El primer llibre que agafen és una singular edició de poemes d’Antonio Machado que Eugenia estima de manera especial. Junqueras diu que li agrada i que cita el poeta en els debats parlamentaris.

Canvien de prestatge i ara es miren “Soldados de Salamina” de Javier Cercas. Eugenia interroga Jonqueres per què han “matxacat” aquest autor simplement per escriure en contra de la independència. En un entorn humà com ara aquest, esperes que Oriol Junqueras dirà alguna cosa així com: “No estic d’acord amb el però ha de poder defensar tranquil·lament el contrari. No comparteixo la forma com l’han tractat. Segueix sent un escriptor significatiu del país“. Però no passa res d’això. El que passa és Junqueras dient, més o menys, que no ha llegit sobre el tema. La càmera se’n va ja a una altra habitació. El protagonista ha perdut una immillorable ocasió de demostrar que tothom cap en igualtat de condicions en el seu nou país.

Acabo sentint-me trist. Tenim un líder social que diu conèixer Machado però que no ha arribat a aquella pàgina en la que diu això:

Tu verdad no; la verdad

y ven conmigo a buscarla.

La tuya, guárdatela

 I, quant acaba el programa, resistint-me a ser dividit, cercant alguna forma d’exili emocional, penso que haurem de imitar el poeta i escriure: “Infant que neixes a Catalunya, si les retallades no minen de socarrell la teva vida, encomanat a algun deu, una de les dues catalunyes et glaçarà el cor”.

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Si dejaste la juventud no lo leas

Si convives con adolescentes estaría bien que lo hicieras y se lo pasaras. Se ha escrito pensando en ellos y ellas. Se trata de un libro destinado a interrogarse, dudar, buscar cómo aclararse con uno mismo, descubrir lo que nos hace personas, comprobar que dependemos los unos de los otros, dejar claro que el mundo en el que vivimos no nos gusta y, además, que tenemos obligación de implicarnos en su cambio. Está pensado para un adolescente, un joven, que se entera de qué va su vida, la de los demás y la de la sociedad en la que está. Que difícilmente puede ser un pasota. Que normalmente tiende a estar indignado.

Desde la primera línea el libro no oculta sus intenciones: invitar a pensar y a que, después de razonar, el joven lector no se quede indiferente. Sin embargo, deja claro que pensar no es olvidarse de ser feliz sino tomarse pausas para sentir la vida.

Las preguntas y las respuestas jóvenes tienen que ver con cómo ser uno mismo y singular pero en buena compañía, entre pijos o entre frikis. Hace tiempo que su vida también está en línea, tiene su proporción virtual de amistades y experiencias y necesita el aprendizaje de la dosificación. También se trata de pasárselo bien, pero hay que ir con cuidado sobre quien decide el contenido de la felicidad y sobre los paraísos que otros nos venden. Uno existe en la medida que se arriesga, a pesar de los adultos que sólo ven peligros. La vida seria poca cosa sin sexo y amor libremente puestos en práctica.

Nos gustaría que fueran narcisos que solo ven y miran espejos, pero resulta que descubren fácilmente pobreza y riqueza, preguntan impertinentemente por las razones de la desigualdad. No entienden por qué a otro adolescente del que pueden enamorarse le llamamos extranjero. El gran dilema surge cuando eso de trabajar les queda lejos y, en todo caso, tiene que ver con una explotación que no casa con lo que les gustaría hacer en la vida. Aunque no es fácil ser sin consumir, todavía les va la ecología, a pesar de que a menudo les suene un poco a hippie.

Las preguntas más fáciles de hacerse y más difíciles de contestar tienen que ver con su constatación de que este mundo es absurdo (“una mierda” dicen suavemente) pero a nadie le da por hacer alguna “revolución” para cambiarlo. Además, ahora sienten que tienen opinión pero nadie les consulta. Su democracia queda demasiado lejos de los parlamentos.

Hablo de “ÁLEX NO ENTIENDE EL MUNDO”. Penguin Random House Ed. Barcelona.
Se presentará en Barcelona el jueves día 10, a las 19h, Rosa Sensat. Drassanes 3

P.D. Este libro también se escribió para recordar a algunos adultos que no se puede pensar que otro mundo es posible y educar a los hijos para que se conformen con el que tienen.

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Habrá que decirles algo a los adolescentes

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Era el verano de 2012. Gemma Xiol, la editora de Montena, me hacía la demanda de escribir algo para su sello editorial pensando en los adolescentes. Su sugerencia inicial venía a ser algo así como “en este mundo complejo, inmerso en tantas i diversas crisis, no podemos dejar a los adolescentes sin alguna palabra que les pueda servir de orientación”.

Por aquel entonces estaba en plena redacción del libro “Quiero ser feliz. Ética del riesgo y del acompañamiento” (Ed. Proteus, en prensa), con el que pretendo convencer a padres y educadores de que ocuparse de los chicos y chicas adolescentes no es una simple cuestión de psicopedagogía sino una seria cuestión de ética, de educación en valores. La nueva demanda me hizo pensar que podía pasar de escribir para los adultos y hacerlo para los más jóvenes, poner por escrito lo que solía compartir hablando con muchos y diversos adolescentes. Así se puso en marcha un proyecto para ellos y ellas sobre las ideas, los conceptos y los valores que permiten vivir, ser y convivir en la sociedad actual.

Una vez más, tomé conciencia de que lo peor que nos puede pasar es que nuestro desconcierto adulto ante un mundo en crisis y nuestra angustia ante una sociedad en acelerado movimiento signifiquen dejar en completa orfandad a los adolescentes. Ni puede consolidarse el “todo vale” ni nos conviene que construyan su mundo pasando, de verdad y con razón, de nosotros.

Especialistas en dar respuestas a problemas que no tienen

Buena parte de mis dedicaciones profesionales en el mundo adolescente tienen que ver con hacer de bombero social. Ahora el incendio de las redes sociales, después el de los eternos abusos con el alcohol, luego su pasión por la “maría”, más tarde su contestación de las leyes, a veces su insumisión violenta… una lista periódica pura de pánicos sociales. Obviamente, no es todo eso lo que domina su mundo sino lo que invade las preocupaciones adultas. Pero, siempre me obligan a hablar de ellas y me piden “soluciones”. Suelen ser debates en los que nunca se acepta que vayamos al fondo.

Sin embargo, no podemos domesticar violencias sin encontrar razones para convivir. Podemos prohibir todos los alcoholes del mundo pero tendrán que descubrir sus formas de estar a gusto en la vida. Conforman un gran mercado pero no podemos esconderles la explotación que hay detrás de una ropa de marca. No les gusta su escuela o los lugares de encuentro, las normas de los adultos conservadores o la actitud retadora de la policía, pero no podemos decirles que protesten escribiendo instancias.

La lista de las cuestiones de fondo podía ser muy larga y al final opté por cuatro ideas que atraviesan todo el libro, que se desarrollan a partir de las preocupaciones que comparto con ellos y ellas pero también sobre las que son sólo mías pero me gustaría que fueran suyas:

  • Te guste o no tienes que hacerte preguntas. Inevitablemente tendrás que construir tus respuestas. Siempre tendrás que pelear par que te dejen tomar decisiones. Vigila porque hay muchos interesados en que no pienses. Es fácil que te vendan viejas y fáciles respuestas. Para los mayores siempre serás un menor.
  • Preguntas, respuestas y decisiones tienen que ver en primer lugar contigo mismo, con ir aclarándose y con descubrir la propia felicidad.
  • Preguntas, respuestas y decisiones tienen que ver con los otros. No hay felicidad sin amigos. Ser joven significa aceptar el derecho de otros muchos a serlo. El presente y el futuro son pura mezcla.
  • Preguntas, respuestas y decisiones tienen que ver con el mundo en el que nos toca vivir, con la sociedad en la que estamos. Parece especialmente carroza, acabará destruyendo el planeta, se basa en la desigualdad y la injusticia.

Escribo para existir

Existen muchas adolescencias y muchas (escasas) relaciones de los adolescentes con la lectura, por lo que debía encontrar una fórmula motivadora para conseguir ratos de enganche con el libro. Buscando esa motivación nació el blog de Álex: EscriboParaExistir. De esa manera, la preocupación tiene una cierta voz adolescente y la respuesta no esconde que es adulta pero mira de estar en su nivel de interrogación.

El libro se ha estructura en capítulos que pueden leerse separadamente y de manera aleatoria, en  momentos tranquilos o cuando se tienen angustias concretas. El formato del blog y la estructuración de los capítulos también están pensados para utilizaciones digitales, en red, para facilitar el boca-oreja entre los propios adolescentes.

Está escrito para los adolescentes, pero si sus adultos no se lo leen pueden encontrarse con preguntas y debates de alto voltaje. Se pensó también para las tutorías, las clases de filosofía o los grupos juveniles de educación en el tiempo libre.

(Álex no entiende el mundo. Montena 2014. Se presenta en sociedad el jueves 10 de abril, a las 7 de la tarde, en los locales de Rosa Sensat de Barcelona)

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